Por Jesús Lépez Ochoa
Cuando uno lee que Acapulco está en noveno lugar, y Zihuatanejo en el vigésimo, entre los municipios con mayor número de unidades rentadas mediante la plataforma Airbnb, puede pensarse que esta modalidad de hospedaje no ha crecido tanto como en otros destinos turísticos del país.
Incluso, cuando los datos de Inside Airbnb, publicados recientemente en exclusiva por Quinto elemento lab, los comparamos con la oferta hotelera, el resultado no es muy representativo.
En Acapulco unos 7 mil 434 Airbnb son el 38.5 por ciento de las 19 mil 300 habitaciones operativas luego del huracán Otis, según declaraciones oficiales; y en Zihuatanejo 3 mil 238 unidades que se retan mediante la popular plataforma, estarían aún debajo de la mitad de los 6 mil 808 cuartos de hotel que según Datatur hay en ese centro vacacional. Ahí los Airbnb representan el 47.6 por ciento.
Lo verdaderamente revelador es cuando uno compara en términos de la capacidad de alojamiento, y que es en promedio de dos personas en habitación hotelera, y de 4 (siendo moderados), en Airbnb.
La capacidad hotelera en Acapulco sería de 38 mil 600 personas, contra 29 mil 736 de Airbnb, y en Zihuatanejo el comparativo es de 13 mil 616 contra 12 mil 952 personas.
Esto nos revela que en Acapulco Airbnb tiene un tamaño del 77 por ciento, y en Zihuatanejo, del 95 por ciento, frente a la hotelería tradicional. El hermano pequeño ya casi alcanza al grande. Uno de los principales temores de los hoteleros cuando hace unos años se hablaba de oferta extra hotelera, se ha vuelto realidad.
Y digo hermano porque de la misma manera en que las grandes cadenas hoteleras han constituido oligopolios turísticos, el reportaje de Quinto elemento revela que el 23 por ciento de las unidades es controlado por apenas el 2.5 por ciento de anfitriones que tienen 10 propiedades o más.
No podríamos descartar que haya hoteleros que estén migrando a esta modalidad, que ya representa una de cada tres habitaciones en Acapulco, y en Zihuatanejo está casi a la par.
NO LOS DEJAN METER GOL
El mundial de futbol todavía no comienza y ya hay pleito en la cancha. En el estadio Azteca (que ahora tiene nombre de banco), andan en litigio con la asociación de titulares de palcos a los que pretendían dejar afuera. Por cierto que son los guerrerenses Roberto Ruano, de Acapulco, y Balfre Morales, de Iguala, quienes han logrado que un juez federal obligue a que se respeten los contratos.
Pero también los propietarios de bares y restaurantes de todo el país están pasando problemas para poder transmitir los partidos, ya que deben contratar a fuerza los servicios de empresas del grupo Televisa, una de ellas izzi, que los está obligando a contratar un año de internet, además que sus técnicos tardan mucho en ir a conectar el servicio, según se quejan en las redes sociales, y grupos de whats app.
Total, que quieren golear a los propietarios de palcos, pero no dejan a los pequeños empresarios meter ni un golecito.

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