
Por Celestino Cesáreo Guzmán
El Tianguis Turístico 2022 es un evento que según estimaciones, debe costarle 50 millones al erario de Guerrero. No deberíamos verlo como un gasto. Debe verse como una inversión. ¿Pero es redituable?. Es motivo de análisis.
La vocación de este evento es abrir un espacio donde se exponen y ofrecen las distintas ofertas, así como la compra-venta en materia turística de todo el país.
No acudir es un error, pero es complicado acudir a ofertar un destino envuelto en una crisis de violencia, contaminación por descargas residuales, producto de una infraestructura hidrosanitaria que no da para más, y deficientes servicios públicos, entre ellos la recolección de basura, que tiene a la ciudad bajo alerta sanitaria por parte de Cofepris.
Habla bien de Acapulco, dice la frase proverbial, en la que se plantea que para vender el camello, hay que dejar de lado sus defectos. Pero es un autoengaño. Ni la más talentosa campaña de marketing podrá tapar las pústulas de la ciudad a los ojos de los visitantes.
Por eso nos ha abandonado el turismo internacional, y de no ser por la lealtad de nuestros amados-odiados chilangos, quién sabe cuál sería la realidad de la actividad económica turística.
Acapulco es una ciudad con varias centenas de haber sido creada, que se remonta al año de 1531, en tanto que la Expedición de la Cédula Real que da título de ciudad a Acapulco se remonta a 1799.
En ese sentido, creo que no hemos sabido aprovechar el enorme potencial histórico y cultural acumulado a través de los siglos para convocar a ese nicho potencial, y nos hemos limitado a ofertarnos como destino de sol y playa.
En la era de los gobiernos estatales y municipales del PRD, se realizaron importantes obras de infraestructura y vialidades, el anterior gobierno estatal, iluminó algunas avenidas y remozó la imagen de la Escénica.
No obstante, queda la sensación del envejecimiento de la ciudad, que sucumbió ante el surgimiento de los destinos de los Centros Integralmente Planeados, como Ixtapa. Ojalá el pujante proyecto de la Riviera San Marcos, siga la misma ruta.
Ante ellos, ¿Acapulco qué puede ofrecer?, ¿cómo están nuestras playas?, ¿cómo está nuestra zona tradicional?, ¿qué novedades hay?, ¿qué tal es el servicio en los hoteles y restaurantes?, ¿qué le ofrecemos a los turistas en infraestructura carretera?, ¿qué garantías en materia de seguridad?
Y no se trata de desgarrarnos las vestiduras por el cansancio del destino, más bien se trata de motivar una reflexión, que debe pasar por evaluar cómo están funcionando las secretarías de turismo a nivel estatal y municipal, exigir que den a conocer qué proyectos traen para renovar nuestra marca ciudad y reposicionarla.
¿En qué colaboran los gobiernos estatal y municipal para renovar a la ciudad?, ya que hasta ahora, se percibe que va a la deriva,
Y saber cómo es la coordinación entre las secretarías de turismo y los sectores del área.
Ojalá la gobernadora y la alcaldesa tomen cartas en el asunto.
Ojalá el presidente de la República retome este sector como algo fundamental para la economía de Guerrero.
Que corrija aquella decisión de extinguir el Consejo de Promoción Turística para encargar a las embajadas la misma, tarea que por cierto, no conocemos lo que se ha hecho al respecto, mucho menos sabemos sus resultados.
Si en Guerrero queremos que primero sean los pobres. El gobierno debe impulsar con fuerza el sector turístico.
Insisto: está bien acudir al Tianguis Turístico, no debemos faltar. Pero estaría mejor conocer cuál es el proyecto para que Acapulco retome el esplendor que lo llevó a ser un destino de relevancia mundial, un brillo que poco a poco se apaga.
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