Por Jesús Lépez Ochoa
La presidenta Claudia Sheinbaum dice que no tiene candidatos, pero dio la bendición públicamente, ante millones de mexicanos que ven la conferencia mañanera, a Esthela Damián Peralta.
Parece lectura pero es una realidad política. Ninguno de los más de 20 aspirantes a “ganar la encuesta” con la que supuestamente el partido Morena elegirá a sus “Coordinadores de defensa de la cuarta transformación” —o candidatos, más honestamente dicho—, tendrá el privilegio de que la presidenta de México en funciones de primera morenista de la nación lo destape ante los medios de comunicación de todo el país.
La presidenta debía informar sobre la renuncia de la consejera jurídica, sí; pero no haberle dejado a Damián Peralta dar a conocer ella misma su aspiración, convirtió el anuncio automáticamente en “destape”, como cuando los presidentes del PRI daban a conocer “al bueno”, o en este caso “la buena”. La única diferencia es que antes se hacía con los presidenciables, y hoy el dedazo apunta públicamente a una gubernatura.
No entraré en detalles sobre si ser “el bueno” o “la buena” para un presidente se traduce en serlo para los ciudadanos, porque ahí está la historia del país para recordárnoslo.
Lo que sí es destacable, es la ironía de que la misma presidenta que pidió a sus funcionarios que aspiren a un cargo de elección renunciar a sus puestos para que hubiera “equidad” en la contienda, hoy le da a Esthela Damián un destape que nadie más de los morenistas que han trabajado en territorio guerrerense tendrá, para que ella mágicamente y en tan solo un par de meses pueda ganar la “encuesta” de Morena, que ya parece estar decidida desde Palacio Nacional.
Así las cosas en un “partido que no es partido”, donde se elige “candidatos que no son candidatos”, y en el cual, al parecer, también se aplican los “dedazos que no son dedazos”, como este anuncio con la bendición, y el peso político, de la mano presidencial, en el máximo foro nacional.

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